Empatía y relaciones interpersonales

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Tanto Alfred  Adler  como Carl Rogers (y después muchos más psicólogos y autores) han destacado el papel de la empatía en las relaciones sociales (incluida la psicoterapia) como forma de acercarnos los unos a los otros (u otras) con menos prejuicios y como forma de mejorar la cooperación y el entendimiento mutuo.Aquí van 2 videos de youtube  muy buenos que tratan sobre esto; y como en la vida nos solemos mover entre 2 polos; el egocentrico y el interés por los otros.Por desgracia la sociedad capitalista y materialista preconiza la supremacía del mercado y el individualismo; siendo el aprendizaje y practica de la empatía un buen ántidoto. 

  


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Tony Robbins, entrevista.

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Hoy quiero compartir con vosotros una entrevista, de Tony Robbins.
Si tienes un momento no dejes de verla.





Son dos partes, traducidas al español. La historia de John Reese te llenará de inspiración, como ha sucedido conmigo.


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Napoleon Hill: 5 consejos

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   No da resultado ver la vida a través de una nebulosa (podemos llamarla "crisis"). Establezca para sí una filosofía del éxito en la que pueda perseverar -día tras día- independientemente de lo que haga el resto del mundo.

   Si está seguro de tener razón, no se preocupe por lo que piense el mundo. Si alguna vez ha de alcanzar un éxito notable en la vida, debe estar dispuesto a apartarse de la multitud. El éxito es algo que consigue una minoría, no la mayoría.

   Concéntrese en aquello que desea en la vida, no en lo que no desea.  Cuando uno se concentra en no errar el blanco en lugar de en dar en el centro del blanco, los resultados suelen ser desastrosos, ya que es imposible pensar negativamente de una forma positiva.

   Si trabaja en las tareas que debe hacer tan de firme como en las que desea hacer, llegará lejos. Siempre deberíamos trabajar simultáneamente en dos trabajos: el que se tiene y el que se desea.

   En la vida, el progreso empieza en la mente y acaba en el mismo sitio. Incluso una idea mediocre que se pone en práctica es mucho más valiosa que un destello de genialidad que languidece en una mente inactiva e indisciplinada.


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El pescador

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En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).
Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó…
- ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
- ¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
- ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.
El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.
El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador:
- Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.
El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió:
- Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.
El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
- Y eso, ¿para qué?
- ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…
El pescador volvió a intervenir:
- ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
- ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!
Y el pescador volvió a preguntar:
- Pero todo eso, ¿para qué?
- ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!
Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
- ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
- ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?
El pescador respondió:
- ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?


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