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“El fracaso es un estado mental. Nadie ha fracasado a menos que lo acepte como realidad. Para mi el fracaso es temporal y su castigo es un llamada para que realice más esfuerzo para llegar a mi meta. El fracaso sólo me esta diciendo que estoy haciendo algo mal y esto me lleva al éxito y la verdad.” - Bruce Lee

Hay un principio muy importante que a menudo se olvida cuando se habla de cambio, de fijación de metas o de éxito en general. No es nada espectacular, se trata más bien de un matiz. Me refiero a la aceptación. Es una gran paradoja, pero es muy difícil cambiar aquello que primero no hemos aceptado. La aceptación nos permite vivir en paz y cambiar lo que puede ser cambiado sin traumas, con eficacia. Se destaca a menudo la importancia de tener una misión, de enfrentarnos a nuestros miedos, de tener confianza en nosotras, etc, pero también es importante saber aceptar la realidad tal y como es. No se trata de volvernos pasivas, de dejar de querer que las cosas cambien! No, me refiero a un estado interior. Cuando no aceptamos algo somos como esa gacela asustada a la que persigue la leona: recorre una gran distancia ... pero no va a ninguna parte. Esa huida nos da la impresión de progresar cuando lo único que hacemos es desplazarnos con el mismo problema que nos persigue (dichosa leona...). Estamos reaccionando en lugar de actuando. Cuanto más en paz nos encontremos respecto de una situación difícil, menos poder tendrá esta sobre nosotros y menos impacto sobre nuestro futuro. Criticar y rechazar nuestros problemas es comprensible, pero no nos ayuda a liberarnos de ellos; al contrario, el esfuerzo se vuelve todavía más arduo. Las emociones intensas y negativas que nos causan las situaciones difíciles nos atan a ellas. Aceptar es sinónimo de soltar lastre, nos libera. Si dejamos de resistirnos dispondremos de más energía para progresar de verdad. | ||
Explica
magistralmente Anthony Robbins en su libro "Controle su destino" que
las palabras
que adscribimos a nuestra experiencia se convierten en nuestras experiencia. Por lo tanto debemos elegir conscientemente las palabras que usamos para describir nuestros estados emocionales, o corremos el riesgo de sufrir un mayor dolor del que está realmente justificado o apropiado, ya que las palabras se utilizan literalmente para representarnos lo que es nuestra experiencia de la vida. En esa representación alteran nuestras percepciones y sentimiento, Por ejemplo, tres personas pueden sufrir la misma experiencia, pero una de ellas la describe diciendo que se siente furiosa, la otra dice que siente enojo y la tercera se siente molesta, es evidente que las sensaciones se han visto cambiadas por la "traducción" que cada persona ha hecho de ellas al etiquetarlas con una palabra. Como quiera que las palabras son nuestra principal herramienta para la interpretación o la traducción, la forma en que etiquetamos nuestra experiencia cambia inmediatamente las sensaciones producidas sobre nuestro sistema nervioso. Las palabras tienen, de hecho, un efecto bioquímico. Los lingüistas han demostrado que estamos culturalmente configurados por nuestro lenguaje. Las palabras que utilizamos habitualmente afectan nuestra forma de evaluar las cosas y, por lo tanto, nuestra forma de pensar |
Las
palabras configuran nuestras creencias y ejercen un impacto sobre
nuestras acciones.
Pero también estas creencias también pueden transformarse por medio de las palabras. Fíjate en la diferencia que existe entre decir: "me siento deprimida" y "no estoy en mi mejor momento"; o entre decir: "estoy perdida" y "estoy buscando una salida"; y otro ejemplo, entre decir: "estoy enferma" y "estoy sanándome". |
Millones de personas pierden sus puestos de trabajo todos los días. Familiares, amigos, nosotros mismos nos vemos envueltos en una situación donde nadie nos da una razón lógica a lo que esta pasando. Nuestra empresa ha decidido prescindir de nuestros servicios o nuestro proyecto no ha salido como nosotros esperábamos.
Fracaso o fracasado, esas son las dos palabras que mucha gente nos dirá y si no las dice, las pensará.
Podemos hacer dos cosas o condicionarnos y creernos que la culpa es nuestra o bien comunicarnos con nosotros mismos de una manera diferente.
La comunicación que recibimos todos los días viene de dos emisores diferentes: el emisor externo y el emisor interno. El externo es toda la interacción que hacemos a través del lenguaje con la gente en nuestro día a día.
El interno es la comunicación que tenemos con nosotros mismos en nuestra mente, interpretando todo lo que hemos hablado y lo que nos han dicho más la herencia que tenemos de estereotipos o enseñanzas que hemos aprendido o asimilado a lo largo de nuestra vida.
Pues teniendo presente estos dos tipos de comunicación existen dos tipos de personas: 1º las que ven un fracaso como una atribución interna (culpándose a uno mismo de todo lo que les a sucedido) o 2º las que ven el fracaso como una atribución externan (culpan a los demás de lo que les ha ocurrido).
La culpa es un lastre, todos tenemos nuestro granito de culpa en todo lo que nos pasa. En la vida tomamos decisiones que implican cambios, riesgos y a veces salen bien y otras mal.
Pero lo mejor de todo esto es que no solo podemos encontrar esos dos tipos de personas existe un tercero y ese es el que debemos de modelar.
Modelar es aprender de toda la gente que consigue lo que se propone aprender e incluso copiar y adaptar a nosotros mismos sus planteamientos, trucos o enseñanzas.
Me he encontrado con gente que ha perdido su trabajo o su negocio, ha fracasado o la vida les ha dado un revés muy fuerte y han salido reforzados y con más experiencia.
Han montado empresas con éxito e incluso han encontrado su vocación o su fin en la vida.
¿Cómo?. Comunicándose de la mejor forma consigo mismo.
La PNL (Programación Neuro-Linguística) estudia la influencia de esa comunicación interior que tenemos con nosotros mismos y de su influencia en nuestros sistema nervioso.
A su vez, trata de encontrar la manera de manipular nuestros estados emocionales para que el fracaso se convierta en oportunidad. Es como si nuestro cerebro fuera una computadora y la programásemos para que ese lenguaje nocivo se convierta en algo positivo.
Numerosos estudios han demostrado que nuestro lenguaje interior hace que nuestro cuerpo enferme o que una enfermedad empeore según como pensemos.
Nuestro estado de animo depende exclusivamente del emisor externo pero principalmente del emisor interno, nosotros mismos.
Por ello, para unas personas el fracaso o las dificultades son una oportunidad y para otras son motivo de depresión y de estancamiento.
Trata de aprender de todas esas personas que han logrado volver a empezar después de un duro golpe.
Pregúntales como lo hicieron y qué motor les impulsó a seguir adelante. Aprende todo lo que puedas de toda la gente que triunfa o es feliz en su vida. Tu también puedes. Todos podemos, sólo necesitamos cambiar ese lenguaje interior, esos miedos heredados o ese no puedo.
Una frase o una palabra puede cambiar al mundo. Imagina lo que puede hacer en ti mismo.
Vídeo imprescindible para todo aquél que quiera un cambio en su vida y obtener lo mejor.
Siempre es un placer escuchar a este genio de la PNL.
Todos los días utilizamos el lenguaje para comunicarnos con los demás. Hablamos y hablamos, escuchamos y respondemos, observamos las reacciones y proseguimos hablando. Somos animales sociales y necesitamos a la gente para poder vivir en sociedad. Pero ¿y nuestro lenguaje interior?.
La mayoría de las veces no le damos importancia. Creamos a lo largo de nuestra vida una conversación interna a la que añadimos pensamientos, prejuicios, emociones y miedos irracionales.
Parémonos a pensar un poco en esta reflexión: vivimos en sociedad, pero la realidad es que vivimos solos con nosotros mismos las venticuatro horas y con todo ese peso de emociones, prejuicios etc, que ya comenté.
Es increíble pero es cierto. Nos pasamos toda la vida en un constante diálogo interior donde nosotros preguntamos, respondemos y tomamos las decisiones más importantes de nuestras vidas.
Cuidamos nuestras palabras para no herir a nuestros seres queridos, no tener problemas con nuestros jefes, defendernos de ataques, expresar nuestros gustos y opiniones... ¿por que no hacemos lo mismo con nuestro diálogo interior?. Tenemos que intentar cuidar nuestra conversación diaria con nosotros mismos.
Una amiga mía y excelente profesional de la psicología, me explicó que todos tenemos un saboteador interior, que hace que desistamos, nos hagamos daño, y nos fastidiemos la vida. Más tarde lo entendí.
Todos tenemos nuestro doctor Jekyll y mister hyde en nuestro interior.
A veces nos preguntamos como a lo largo de un día pasamos tan rápidamente por diferentes estados emocionales. Somos una gran montaña rusa con rectas y curvas y con loops de vértigo. Al momento estoy triste pero al rato estoy contento. ¿Me estaré volviendo loco?. No. La pregunta sería: ¿ como te han influido las conversaciones que has tenido ese día? ¿y quien a ganado la pelea en tu conversación interior?, tus propios pensamientos o nuestro amigo el saboteador.
Ahora hablemos un poco de la formación de ese enemigo interior que todos tenemos.
Su aparición es temprana, y se llena de todas las emociones reprimidas, que no hemos podido expresar.
Le gusta nuestro desánimo y se alimenta de miedos y prejuicios. Cree que madurar es seguir una linea rígida donde los sueños y la capacidad de ilusionarnos es propia de un niño y claro nuestro amigo es muy maduro. Se deja influenciar por los pensamientos y las opiniones de los demás. Es envidioso, mezquino y perezoso. Se cree todo lo que le dicen y no contrasta la información. Es juez y verdugo y no cree que en la vida existan personas buenas sino aprovechadas y malvadas. Tiende a acomodarse y los cambios para el son imposibles pues se hacen a cierta edad y a su tiempo.
Todos albergamos en nuestro interior a este saboteador que dialoga constantemente con nosotros, y que a lo largo de la vida aparece en los momentos en que más necesitamos: serenidad, calma y reflexión.
Ahora trata de pensar con quien dialogas mas a lo largo del día. Con tu saboteador o contigo mismo.
Luego piensa en que momento aparece. Esta te preparado y venceló. Es parte de ti y es bueno que este junto a ti. Te hace ser más consciente de tu capacidad infinita en mejorar tu vida en vencer tus miedos y conseguir tus sueños.
No hay mayor verdad que la frase que me dijo un día un gran amigo: -Alvaro ¿como te tratas?
-No lo se, le respondí.
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